El Correo del Vino



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Día 06/12/2017

La zonificación de la garnacha en la DO Campo de Borja

La Denominación de Origen Campo de Borja se decanta por la zonificación, a través de un proceso “ambicioso, minucioso y actual”, en palabras de su presidente Eduardo Ibáñez Aranda. Un proyecto originado a partir de una tesis doctoral, que apuesta por su uva más característica, la garnacha, y por potenciar sus características específicas ligadas a suelo, geografía y clima específicos, al terroir, dentro de la DO, sin atender a límites fronterizos.

Según palabras de su presidente, Eduardo Ibáñez Aranda, “Campo de Borja es una DO pequeña y humilde, pero nos gusta hacer las cosas bien” y así lo demuestran en el proceso que están desarrollando de zonificación según criterios de terroir, para ligar el vino al territorio, en función del suelo, la geografía y el microclima específicos. “El proceso de zonificación es un proceso ambicioso, minucioso y actual, porque además está en la línea de lo que se demanda hoy”, afirma Ibáñez.

En esta nueva perspectiva, se ha apostado por la uva más característica y autóctona, la garnacha, la esencia de Campo de Borja, tras haber sufrido un arranque sistemático en los años 80, a favor de variedades extranjeras más comerciales que se demandaban en ese momento. Afortunadamente, esa tendencia se ha invertido, conservando las cepas antiguas que sobrevivieron al arranque y volviendo a ser, desde el 2015, la variedad más plantada.

Las nuevas demandas de los consumidores han revalorizado la garnacha. Se puede encontrar alrededor de todo el mundo y es de las más importantes en España, Francia e Italia. En los años 60 ocupaba el primer puesto de las variedades cultivadas, en la actualidad ha perdido puestos, pero se sitúa en la quinta posición. En Aragón, es la primera variedad, con 15.000 hectáreas (40% de lo cultivado).

La garnacha es una variedad "camaleónica", explican desde la DO, que se adapta a multitud de microclimas y diferentes suelos, por tanto da perfiles muy variados de vino, con una misma variedad, como ocurre en Borja. Además, la denominación, por su propia localización, tiene influencias climáticas diversas. De un lado, tiene influencia atlántica, donde el cierzo otorga un carácter particular al cultivo, proporcionando una maduración fenólica completa; y por otro lado, el valle del Ebro, con influencia mediterránea, con altas temperaturas en verano y pluviometría baja, lo que le aporta grado alcohólico elevado.

Por tanto, el nuevo proyecto de zonificación es, más que una opción, una necesidad para identificar los diversos perfiles de los vinos y remarcar así sus peculiaridades. Un objetivo que va en la línea de actuación de la DO desde el año 2000, centrada en buscar el carácter frutal de la garnacha, es decir, elaborar vinos monovarietales en los que cada viticultor ha intentado buscar su punto justo de madurez para el perfil frutal que prefiere, un trabajo que José Ignacio Gracia, Secretario del Consejo Regulador, califica de “paciente” para “dar con el punto adecuado con el que se expresa todo el potencial de la garnacha, acorde al microclima y suelo”.

El origen de la zonificación está en la tesis doctoral realizada por Miguel Lorente titulada “Zonificación de la Denominación de Origen Protegida Campo de Borja con criterios de terroir”. Presentada en 2016, los trabajos de investigación se iniciaron en 2012 en la DOP Campo de Borja, con el objetivo de “acentuar el vínculo del vino con su territorio de origen, como medida de coherencia con la Denominación de Origen y como estrategia productiva y comercial”, explican desde la denominación. Esta investigación ha estado promovida desde el Consejo Regulador y ha contando con el apoyo del Departamento de Desarrollo Rural del Gobierno de Aragón, Bantierra, la Universidad Politécnica de Madrid, la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza y las Cooperativas de Campo de Borja que han aportado las uvas para los ensayos.

Tras estudiar el medio geográfico subdividiéndolo en zonas homogéneas (zonificación), atendiendo a tipo de suelo y microclima, y examinando las características particulares de los vinos, el resultado ha sido un mapa, siguiendo el concepto de terroir, que “no entiende de fronteras administrativas ni provinciales”, explica Gracia.

Gracias a esta zonificación, se podrán potenciar los diferentes perfiles de la garnacha que se dan en Campo de Borja, aportados según el suelo, la geografía y el microclima específicos.

Este estudio es ya una realidad y se podrá ver de forma más clara en los vinos que se vayan elaborando a partir de ahora. Aunque, en las añadas que ahora mismo están en el mercado ya se puede apreciar esos diferentes perfiles frutales que buscan los viticultores desde 2000. En los próximos años, la intención es lanzar al mercado una colección de vinos con criterios de terroir .

 

 
Susana Molina
Periodista

 




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