Los pobres también tenemos derecho al marketing



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Día 08/03/2017

Los pobres también tenemos derecho al marketing

Hablando con el director de marketing de una bodega sobre las redes sociales, salió un comentario sobre uno de sus vinos. Alguien, naturalmente anónimo, lo definía como “producto de marketing para pobres”.

Ese anónimo “prescriptor” no tenía ni idea de lo que es el marketing ya que sólo conocía contenido, continente y precio. O sea, producto y precio, y para colmo este era muy bajo. Por lo demás, la presentación es atractiva y el vino –que no es mi favorito- no está mal. Vamos un Best Value Wine, característica muy preciada en la prensa internacional, y que aquí despachamos de manera despectiva. Sí, también aquí, de vez en cuando nos preocupamos por estos vinos, para muestra un botón, aunque generalmente se limitan a 10 vinos y a los supermercados. En mi opinión el abanico en España de BVW es mucho más amplio, variado y se pueden encontrar en cualquier sitio.

Por otro lado, trabajar la presentación, hacerla novedosa y atractiva –que en muchas ocasiones es lo único que el comprador puede percibir antes de tomar su decisión- es despreciada si el vino no es caro y alabada si nos levantan un pastizal. Si la etiqueta es sencilla, será tachada de cutre para un vino barato y de elegante para un vino caro.

Resumiendo, que para algún snob y/o enteradillo si el precio es bajo todo es negativo y ganas de engañar, si es caro todo es elegancia y glamour.

Pero mi intención iba por otro lado, parece que cuando Louis Vuitton patrocina la Copa América de Vela o Steve Jobs nos aparecía, cómo san Miguel Arcángel, para vendernos sus productos a precio de Coltán, son seres seráficos. Vamos, marcas que han aparecido en el mundo para repartir felicidad.

Realmente son marcas ubicadas en el mundo del lujo que buscan mantener su posicionamiento, en un caso patrocinando competiciones de élite para un target de millonarios. En el otro caso, tras crear expectación social, apariciones cuidadosamente medidas tanto en la imagen como el discurso, para colocar en el mercado aparatos muy buenos, pero a un precio desorbitado, entre clientela que hace cola durante horas, o días, en las tiendas para comprarlos.

Eso no se improvisa: se piensa, se trabaja y se hace con resultados excepcionales. Creo recordar que, al fallecer Steve Jobs, su línea de teléfonos se llevaba un 65% de los beneficios con una cuota de mercado del 5% de los aparatos. Eso sólo lo hace un genio.

También son genios quienes, sin publicidad ni repercusión en los medios de comunicación, se atreven a poner en el mercado productos asequibles para cualquier bolsillo, atractivos en su presentación y que gustan a quien lo compra. Aunque sea vino, los pobres también tenemos derecho a que los bodegueros se preocupen por hacernos pasar por agradables experiencias de compra y buenos ratos compartiendo vinos majos con los amigos.

Javier Escobar  
Químico Industrial y Enólogo

 




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